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Poesía y erotismo


1-Tu poesía se caracteriza por el trazo amoroso-erótico, ¿crees que los intentos de las poetas en Hispanoamérica, del modernismo a hoy, han descrito el goce por sobre los prejuicios y la pacatería moral?

 

Creo que para los hombres nunca ha sido problema el erotismo. Lo que ha sido novedoso -y aparentemente lo sigue siendo- es que las mujeres expresemos nuestros sentimientos con respecto al amor desde el cuerpo, desde la sensualidad. En mi libro Escándalo de Miel, creo que recojo la voluntad femenina actual de hacer valer nuestro derecho al placer y a no separar el amor entre cuerpo y cabeza. Las mujeres vivimos el amor en una dimensión donde el cuerpo juega un papel crucial. Sin embargo, las convenciones sociales nos han forzado a negar esa vinculación mujer-cuerpo, y a proyectarnos como “vírgenes puras”. En mi poesía yo reivindico el erotismo desde una perspectiva femenina, es decir, dándole al cuerpo y a la relación amorosa, su misterio y su maravilla.

 

2- ¿Te reconocés en otras voces de poetas latinoamericanas, como la costarricense Virginia Grütter o mucho antes la uruguaya Delmira Agustini?

 

Me reconocí en Miguel Hernández, cuando empecé a escribir. Luego en Neruda, en Tomás Segovia, en Juana de Ibarburo, en Alaíde Foppa, en Vinicus de Moraes…soy hija de muchas madres y muchos padres.

 

3-Respecto al “erotismo”, ¿hay diferencia entre el tratamiento que dan al tema “los poetas” y el que dan “las poetas”?

 

Me parece que muchas poetas mujeres han intentado asumir la voz masculina para hablar de sí mismas. Mi búsqueda tiene que ver con encontrar precisamente ese lenguaje “femenino”; es decir, un lenguaje donde la belleza y la realidad se nutran mutuamente, donde no haya que negar o disfrazar la realidad del erotismo, sino más bien liberarlo de las connotaciones usualmente asociadas con el “eros” porque éste ha sido, hasta ahora, definido más por el deseo y la fantasía masculina donde la mujer se retrata como objeto, que por la manera femenina de concebirlo, que es más integral, que presupone el amor para que exista el eros capaz de conmovernos.

 

4-El poeta mexicano José Ángel Leyva sostiene que el hombre se desnuda con vergüenza y la mujer con decisión, y que el pudor hace que el poeta se esconda a ratos en la forma, mientras que la mujer es más transparente en su sentir. ¿Estás de acuerdo?

 

No totalmente. Creo que la vergüenza de sí mismas ha sido el legado de las mujeres, que el placer, para la mujer, ha estado recargado de culpa y consecuencias. A la mujer se la ha casi exigido la vergüenza como prueba de “decencia”, pero ciertamente creo que el poeta tiene razón en que la mujer, cuando se decide, es más valiente y arrojada que el hombre porque hay algo dentro de nosotras mismas que nos dice que la sexualidad es hermosa y que no hay razón de avergonzarse. Por eso, cuando la mujer entra en contacto con la belleza y la fuerza del eros, cosa que hace generalmente motivada por el amor, las contradicciones entre sus diferentes formas de sentir se desvanecen y lo físico adquiere una dimensión transparente y trascendental. De eso hablo en mi poemario.

 

5-En tu antología “Escándalo de miel” lo erótico vive en los pliegues de lo cotidiano…

 

Porque el erotismo es una manera de vivir la vida. No sólo es relativo al amor físico, sino a una manera de darse y dar. Y la mujer, como dadora de vida, creo que entiende como nadie el placer de todos los días, el placer de sentirse eco de la vida que bulle en nuestra cotidianeidad y de los seres que la habitan, sean éstos esposos, hijos o amantes.

 

6-Es tu poesía una expresión reivindicativa de la mujer?

 

Creo que, para reivindicarse, la mujer tiene en primer lugar que celebrarse, y liberarse de todas esas taras que le han querido enseñar que ella es la “mala” de la película, la que perdió el Paraíso Terrenal. En esa celebración que yo hago del ser mujer, sí que hay una reivindicación; la reivindicación de las capacidades y cualidades de la mujer a partir de la afirmación gozosa de lo femenino.

 

7-Tus poemas parecen instalar en el centro de la mujer una emotividad especial, pero además una rebeldía, una fuerza indomable…

 

La emotividad femenina ha sido considerada una “debilidad” por el mundo masculino. Yo trato de demostrar que esa emotividad no es una debilidad, sino una fuerza que nos conecta, no sólo con nuestros semejantes, sino con el universo entero.

 

8-Muchas de tus metáforas remiten a fuerzas naturales (el cosmos) y a frutos de la tierra en una cuerda nerudiana, ¿fue una de tus influencias?, ¿qué poetas te influenciaron?, ¿quiénes son tus vecindades literarias?

 

Neruda me influenció, claro; pero más que todo creo que mi influencia principal me viene de ser nicaragüense, ser nacional de una tierra tropical, exuberante, vegetal, tierna y aguerrida a la vez. Creo que el paisaje, las mujeres y la naturaleza nicaragüense son las principales influencias de mi poesía. Y los poetas nicaragüenses también: Carlos Martínez, Cardenal, Coronel Urtecho, Joaquín Pasos… A través de ellos aprendí a ver y a verme.

 

9- ¿Cómo coexisten en tu escritura poesía y narrativa?

 

No se estorban. Escribo narrativa, pero la poesía no deja de caerme encima como iluminación, como relámpago, como registro de quién soy mientras escribo sobre los demás.

 

10- ¿Cómo ubicás tu poesía dentro de la tradición poética nicaragüense, en particular con la oralidad expansiva y el tono conversacional que trajo Coronel Urtecho de Estados Unidos y que desarrollaron otros poetas como Ernesto Cardenal?

 

Sí, creo que sí. Igual que ellos, yo también bebí de las fuentes de la poesía española y la poesía norteamericana.

 

11- ¿estás escribiendo algún nuevo libro, poesía, novela?

 

Escribo una novela, pero no dejo de escribir poesía. La novela es mi obra de arquitectura; la poesía es como las estaciones para mí, llega con sus inviernos y primaveras y otoños, llega como los aguaceros y las correntadas: aparece de pronto en medio de las novelas que escribo y nunca deja de acosarme. Menos mal.

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