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El PERGAMINO DE LA SEDUCCIÓN


ENTREVISTA CON EL PERIODICO CRONICA DE ARGENTINA (2005)

 

Usted ha dicho en una entrevista que se sentó a escribir sobre los recuerdos de su adolescencia en Madrid, en los años sesenta, y de repente empezó a escribir sobre Juana de Castilla, en la España de los siglos XV y XVI. ¿Cómo fue concretamente el proceso de paso de una “autobiografía” a una “biografía”? (1)

 

GB: Pienso que la realidad es el punto de apoyo sobre el que la ficción asienta la escalera por donde el escritor sube al mundo de la imaginación. Uno siempre parte de imágenes, vivencias o posibilidades que se le cruzan en la vida, ya sea consciente o inconscientemente. Hace mucho que pensaba que algún día incluiría el entorno de mi internado en Madrid en alguna novela. Era muy novelesco por lo extremo, por lo anacrónico que resulta ahora. Empecé narrándolo como entorno de un personaje, no por lo que había de mí en la narración, o sea no por lo autobiográfico, sino más bien por lo escenográfico, como escenografía de la historia. Lo que le sucede a Lucía es totalmente ficticio. Sin embargo, hay coincidencias más bien menores conmigo: me encantaba escribir cartas, me gustan las pastelerías españolas, iba yo también al Prado los fines de semana, cosas así.

 

Su novela es intensamente erótica, más que las escritas por hombres y quizá única entre las escritas por mujeres. Se nos ocurre que ello es debido a su oficio de poeta. Aquí han descollado tanto hombres como mujeres. Por hacer un paralelo temporal con El pergamino de la seducción, evocamos dos nombres: John Donne y, en el siglo XX, la uruguaya Delmira Agustini… (2)

 

GB: Nadie es una isla, ¿no es cierto? Como decía Donne. Hay vasos comunicantes en cada experiencia humana de los que los poetas se encargan de recordarnos. Pero me interesa su comentario sobre mi escritura del erotismo porque hay una intención consciente de mi parte de retratar el erotismo, de describir el amor físico desde la perspectiva femenina; como creo lo vivimos las mujeres, como algo mucho más envolvente que el contacto de la piel, un espacio que permite que el alma se unte en la piel y la caricia sea no sólo pasión, sino comunión, fin de la soledad por un efímero instante. A las mujeres la objetivización sexual quizás no nos ha permitido enaltecer la sexualidad, celebrarla como la hermosa experiencia que es. Usualmente, se hace poesía del amor, pero cuando se pasa a la sexualidad el lenguaje cambia. Yo no quiero eso. Yo prolongo la poesía de manera que lo espiritual y lo genital coexistan y se experimenten como partes de un todo poético. Creo que esa es la razón por la que se produce una identificación de los lectores con mi texto. Reconocen un lenguaje donde no se discrimina lo sublime de la parte física de la experiencia.

 

 

El título de su novela juega con dos sentidos: la seducción que ejerce el pergamino de Juana sobre Manuel, y la seducción de Lucía por Manuel. Vemos también una autorreferencia: la seducción del lector por su propia escritura, por su propio “pergamino” … Usted parece decirnos desde el fondo de estas páginas: la novela es seducción o no es nada. Después de tanta novela experimental, volvemos a las fuentes: la literatura como goce, como placer… (3)

 

GB: Ciertamente. La novela está montada sobre la seducción que las historias fascinantes producen en nosotros desde el principio de los tiempos. Somos una especie que, a pesar de estar limitada a experimentar la vida de manera individual, siente gran goce y se enriquece con lo social, con la multiplicidad. Cuando leemos un libro o vamos al cine, lo hacemos porque nos da gusto imaginarnos viviendo otras vidas. Nos identificamos con los personajes y a través de ellos vivimos otras sensaciones. La literatura hace al lector lo que Manuel hace con Lucía: lo seduce, lo hace vestirse con el ropaje del personaje elegido e imaginarse que es otra persona. Lo que quiero decir en el libro también es que somos la suma de muchas partes; que la historia está viva, que nos persigue, de cierta forma. Cada uno de nosotros tiene su “pergamino” o sea la carta de su identidad guardada muy dentro de sí, y que el proceso de leer, de crear, es una manera también de llegar al fondo de nosotros mismos, de que se nos revelen nuestros propios secretos.

 

Este ir y venir en la novela fue muy intuitivo para mí y muy revelador de mi relación con la literatura.

 

Como en el caso de los famosos “zapatos de la campesina” de Van Gogh, usted ha creado, o “recuperado” más bien, un mundo oculto:  la España del Renacimiento. A través de la ficción, desmonta otra “ficción”, la que se montó en torno a Juana. Ha sacado a Juana del fotograma congelado y la ha situado de nuevo dentro de la “película” total. Juana ya no es más la heroína de una novela romántica, sino el personaje subversivo de una novela subversiva. En el contexto actual, ¿cree usted que el arte puede tener un poder transformador más fuerte que la llamada “política”? ¿El arte como “continuación de la guerra por otros medios”? (4)

 

GB: En el sentido más profundo, pienso que el arte es más transformador que la política. El arte nos ayuda a percibir otras realidades dentro de la realidad aparente, nos permite confrontar la inmoralidad de ciertas actitudes de la vida cotidiana, nos recuerda que no sólo de pan se vive, que hay aspiraciones, necesidades, ideales que nos sostienen y nos permiten trascender la visión chata y utilitaria de la existencia que nos quiere vender el mercado. Pero, claro, el arte nos ayuda a ser conscientes, pero después uno tiene la responsabilidad de actuar conforme a esa conciencia. Allí es donde entra a jugar el rol social, o sea la política. Como decía un poeta amigo mío:

 

“a poemazos limpios no se acaban ni las dictaduras, ni los crímenes”

 

A mí me preocupa que ahora la política se esté separando de la vida y convirtiéndose en el quehacer de una casta. La política, en muchos casos, ha pasado a ser sinónimo de maniobra, corrupción, igual que los políticos. Pero resulta que esa gente es quien decide cómo se gobierna una sociedad. Entonces, si los vemos como algo aparte, si vemos la política como algo con lo que no nos queremos “ensuciar” las manos, estamos arruinados. Le estamos dejando el campo de decisión a los mismos seres que criticamos. Creo que hay que recuperar ese ejercicio y esa palabra dándole el contenido que queremos, pero eso no se puede hacer sólo a través del arte. Se requieren muchas personas, acciones concretas. Y de esas también saldrá el arte, porque no olvidemos que el arte se nutre de la vida. Esas conexiones con la práctica son muy importantes, a mi juicio.

 

En la literatura la sexualidad femenina ha sido vista casi siempre, al igual que el personaje histórico completo de Juana de Castilla, con ojos masculinos (desde Flaubert, Lawrence o Miller a Bukowsky…). La excepción a la regla pareciera ser el Moravia de ¨La romana”, que de hecho es un intento de situarse en el punto de vista de la mujer. ¿Cómo considera a esta clase de autores? (5)

 

GB: La visión que las mujeres tuvimos de nosotras mismas por mucho tiempo estuvo marcada por las visiones literarias de autores primordialmente masculinos. Eso apenas empezó a cambiar realmente en el siglo XIX, o sea que lo que aún predomina es la visión de la feminidad definida desde lo masculino. Por eso fue gratificante para mí poder darle a Juana de Castilla su turno en la palabra, a partir de leer su historia como mujer y de intentar comprender su punto de vista con mi sensibilidad. Yo creo que hay hombres que han hecho buenos retratos femeninos. A mí personalmente el que más me gusta es García Márquez. Las mujeres de García Márquez son mujeres que yo entiendo, con las que me puedo identificar: fuerzas de la naturaleza, complicadas por muy sencillas que parezcan, seguras de su poder, maternales pero fuertes, aventuradas…en fin. No recuerdo “La Romana”, pero Alejo Carpentier en “La Consagración de la Primavera”, desarrolla un personaje femenino de manera extraordinaria. Claro que hay una racionalidad en ella bastante fría, pero es creíble. De todas formas, yo creo que ahora ya las mujeres nos estamos explicando sin intermediarios y creo que eso va a tener su influencia, la está teniendo ya, en lo que se concibe como femenino.

 

Su novela es también “novela de intriga”, en la mejor tradición. Nos evoca novelas modernas como “El nombre de la rosa”, en la que al montaje literario de la trama se agrega la erudición del autor respecto al mundo medieval. En su caso, el armazón (con la “casa embrujada” de los últimos capítulos, los pasadizos, la revelación del secreto a la luz de las velas, el gran incendio del final…) sirve para desplegar su propia erudición respecto al mundo femenino. ¿En qué línea se sitúa usted dentro de la tradición de novelas de intriga escritas tanto por mujeres como por hombres? (6)

 

GB: Cuando era más joven tuve un período en que devoré novelas góticas. Me encantaban y siempre tuve ilusión de escribir una. Esta novela es mi homenaje a ese tipo de novelas donde los dramas humanos suceden en entornos misteriosos, donde no sólo está el misterio del corazón de los personajes, sino también el de las cosas que los rodean. Además, la misma historia de Juana me dio la clave porque, de hecho, de su habitación se perdió un cofre donde ella guardaba unos objetos a los que nadie sino ella tenía acceso. Ella obligaba a sus damas de compañía a ponerse de espaldas cuando iba a abrirlo y hay abundantes documentos que comentan la desaparición de éste pocos días antes de la muerte de la reina. El cofre nunca apareció. Eso es histórico. No lo inventé yo. Pero a mí me dio, por supuesto, el tono de misterio que tiene la novela. Por otro lado, a mí me encantan las novelas que lo tienen a uno intrigado, en ascuas, pero que no son sobre crímenes –no soy aficionada a las novelas de detectives, ni policíacas- sino sobre los misterios que guardamos los seres humanos. No sé en qué línea me sitúa esto, la verdad. No sé si lo haré de nuevo, aunque me encantó hacerlo.

 

Al comienzo de El pergamino encontramos una cita de V. Wolf respecto a las mujeres de gran talento que hubieran vivido en el siglo XVI: estaban condenadas a que se las considerase como “medio brujas, medio magas”. Durante la lectura, nos ha parecido que también usted es “medio bruja, medio maga” … de la literatura, sólo que no se la margina, sino que es aclamada (especialmente en Alemania, donde tiene un público masivo). ¿Su público es prevalecientemente masculino o femenino? ¿Qué está ocurriendo ahora mismo con El pergamino, a menos de un año de su aparición? ¿“Medio bruja-medio maga”, también en este aspecto? (7)

 

GB: Yo no soy medio bruja. Soy bruja y media. Hasta leo el Tarot y me encanta pensar que sólo por ser mujer tengo acceso a un nivel del universo que todavía no nos ha revelado todos sus secretos. Yo creo que ya no es tan malo ser bruja como lo era en el siglo XVI.

 

Creo que habemos muchas brujas honorables ahora, y a las que nos va bien también. ¡No en balde hemos luchado tanto las mujeres todos estos años!!! Las magas y las brujas son la misma cosa para mí. De hecho, uno de mis personajes favoritos de la literatura es La Maga de “Rayuela” de Julio Cortázar. Me encanta esa mujer. Me la imaginaba todo el tiempo. Hasta hice que Cortázar me llevara a caminar por París con él porque le dije que era uno de mis sueños y él que era tan lindo me lo concedió…

 

En cuanto al Pergamino de la Seducción, la novela ha sido muy bien recibida. Ha estado en la lista de libros más vendidos en España, en Uruguay, en Nicaragua, en Costa Rica.

 

No me puedo quejar. Y ahora voy a Alemania de gira a presentar la novela en su traducción alemana. ¡Voy con el espíritu de Juana, a las tierras de los Austrias, a desmentir a Felipe El Hermoso!!!

 

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