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COMENTARIOS SOBRE “EL PAIS BAJO MI PIEL”


  1. ¡Ni en mis sueños de niña más descabellados me imaginé una vida como la que he tenido!! Pensar que de debutante y niña “bien” iba a terminar envuelta en una revolución que cambió el destino de mi país ¡No se me ocurría! La verdad que yo, hasta los veinte años, seguí casi a pies juntillas el guion de la vida de un gran número de mujeres: estudiar, casarme, ser madre. Todo cambió en mi vida casi de un día para el otro cuando decidí participar en la liberación de mi país, que también significó la liberación mía como mujer. Hay que ver que lo que nos separa de una vida llena de sentido es, a menudo, sólo una decisión. Lo que pasa es que hay que arriesgarse a tomar esa decisión. Yo me arriesgué. Mi vida dio una voltereta y se transformó en una vida plena. Eso es lo que cuento en mi libro. El libro es la historia de una mujer que toma un camino totalmente distinto al que estaba destinada. Cada vez hay más mujeres que eligen vidas fuera de lo común, que se atreven a probar nuevas experiencias. Por eso me pareció importante contar mi experiencia, para que las mujeres que vivan cosas similares no se sientan solas. Es verdad que yo andaba metida en actividades bastante arriesgadas, transportando armas, organizando clínicas clandestinas para los heridos, escondiendo combatientes; pero también trabajaba en una oficina, llevaba mis hijas a la escuela, me enamoraba…Tratar de encontrar la manera “nueva” de ser mujer; de ser fuerte sin perder la ternura, como decía el Che, creo que sigue siendo un reto. En mi libro cuento cómo lo hice yo, cuento cómo tomé una decisión que, pudiendo significar mi muerte, significó mi vida, hacerme cargo, vivir de acuerdo a mis ideales, creer en los sueños. Tiemblo al pensar que habría pasado conmigo si no me hubiera atrevido a desafiar el miedo.

 

  1. Pienso que el triunfo ha sido rotundamente mío. Como cualquier persona enamorada del heroísmo, tras la revolución y sobre todo cuando llegué a vivir a Estados Unidos, tuve problemas inicialmente en adaptarme a lo que se conoce como una vida “normal.” Vivir con un grado de comodidad material me parecía una cierta “traición”. Vivir en los Estados Unidos, peor aún. Sin embargo, precisamente por venir de una situación de privilegio, sabía que no necesitaba carecer de todo para tener una conciencia. Y luego me di cuenta de que, tras vivir terremotos, exilio y guerras, podía aprender a entender el valor de vivir una vida segura y en paz. Como digo en mi libro, siento que me fue dado vivir dos vidas. En esas dos vidas, sin embargo, soy la misma persona.

 

  1. Nunca diría que la literatura trastocó mi vida. Yo tenía veinte años cuando empecé a

escribir poesía. La literatura apareció en mi vida en el momento en que mi vida se llenó de cosas que contar.

 

  1. La política en América Latina es todavía “la vida de la polis”. No es una carrera que señores de saco y corbata escogen. Sobre todo en la década de los sesentas y setentas, involucrarse en causas libertarias o políticas era la única manera de “comprometerse” con el futuro. La resistencia era fuente de poesía. Sigo pensando que la política no es para nada incompatible con la poesía. Si los ciudadanos recuperamos nuestra función de actores en la historia de nuestros países, si concebimos la política como el esfuerzo de todos por ser colectivamente más felices, habrá muchas razones para hacer poesía.

 

  1. Cuando digo, en la introducción del libro, que sin renunciar a ser mujer he logrado

también ser hombre, me refiero a que me atreví a utilizar cualidades tradicionalmente consideradas “masculinas” y que conduje mi vida no de acuerdo a lo que era permitido para mi sexo, sino de acuerdo a lo que yo quería como persona.

 

  1. No soy madre “abnegada”. No me gusta esa definición de la maternidad. Soy una madre que ha disfrutado su maternidad, pero la maternidad no define quién soy yo. Yo soy una mujer que sueña con un mundo donde la ternura esté globalizada y nos maternicemos unos a otros.

 

  1. ¿Quién dice que he renunciado a la política? Sigo estando activa. Vivo la mitad del año en Nicaragua, escribo editoriales, No he renunciado a la utopía.

 

  1. España ha sentado un ejemplo extraordinario en el caso de Pinochet. Garzón es el precursor, a mi juicio, de una nueva concepción global de la ética y la decencia. Si algo bueno tiene la globalización es que niega la existencia de guaridas o escondites para los políticos que agreden a sus propios pueblos. El fin de la impunidad empezó en España e Inglaterra con el caso de Pinochet.

 

  1. Al perder el poder, el Sandinismo sufrió un trauma del que no se recupera. Daniel Ortega está obsesionado con volver al poder y para lograrlo ha concertado un pacto con el actual partido en el gobierno, el Partido Liberal. Este pacto significa el cierre de los espacios democráticos para cualquier partido contendiente. Liberales y Sandinistas dominan ahora el Consejo Electoral, la Corte Suprema, la Contraloría. La naciente democracia fue descabezada antes de llegar a la mayoría de edad. Los dos partidos pactistas se dividieron todos los poderes del estado y han impedido que surjan contendientes para la elección a celebrarse en el 2001. Mientras tanto, los índices de pobreza de Nicaragua siguen agravándose. Sólo Haití está más pobre. La corrupción es terrible…. Sin embargo, hay avances. Ya el ejército no reprime a la población, la gente sabe organizarse. Si logramos salir de 45 años de dictadura somocista, como cuento yo en mi libro, tenemos que pensar que lograremos superar estos obstáculos. Lo que he aprendido también a lo largo de mi vida es que los grandes cambios sociales no suceden de la noche a la mañana. Hay que tener paciencia y no perder el optimismo.

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