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Mujer escritora. Entrevista de El Dominical por Claudia Salazar Jiménez


Pregunta: Tu carrera literaria comienza con la poesía y desde ese inicio asumes un punto de vista muy particular: el punto de vista de la mujer, de su cuerpo y su sexualidad, que usualmente tienden a ser ocultados en los discursos sociales. ¿Esta fue una elección consciente o más bien fue un impulso irrefrenable, una mezcla de ambos?

 

Respuesta: Inicialmente lo hice por un simple impulso poético. El escándalo que causó lo que escribí, me hizo caer en la cuenta de lo subversivo que era que una mujer se asumiera como sujeto y no objeto sexual. Entonces después lo seguí haciendo con más conciencia y desafío.

 

Pregunta: ¿Qué significa ser transgresora para una escritora latinoamericana en el siglo XXI?

 

Respuesta: La verdad que me aburre eso de que si soy o no transgresora. Yo siento que escribir de mi cuerpo o de mi vida como mujer que, por spuesto, incluye como vivo dentro de mi propio cuerpo físico y no sólo espiritual, sólo es una transgresión en la medida que persisten lo prejuicios sobre cómo debemos comportarnos las mujeres.

 

Pregunta: En tu libro de memorias El país bajo mi piel, relatas diversos episodios de tu biografía, incluyendo tu participación en el movimiento sandinista. Considerando el tiempo transcurrido, ¿qué críticas harías ahora a los movimientos revolucionarios? ¿Crees que aún hay espacio para las utopías en el presente?

 

Respuesta: El hecho de que el mundo cambie no elimina las utopías. Todavía vivimos en un mundo esencialmente injusto. Lo que debe cambiar son las maneras de ejercer el poder. Creo que actualmente hay una crisis de imaginación y los llamados “movimientos revolucionarios” de estos tiempos siguen apegados a esquemas autoritarios y poco democráticos, lo cual es una lástima. Creen que porque son más liberales con las leyes del mercado eso los hace socialistas del siglo XXI. Hace falta mucha más crítica y discusión sobre las nuevas utopías,, pero en todos esos movimientos hay un rechazo grande al disenso y al debate.

 

Pregunta: La crítica social es constante en tu obra poética y narrativa. Según tu opinión, ¿cómo se logra al balance entre hacer una propuesta estética y la necesidad de expresar claramente ciertas ideas?

 

Respuesta: Es difícil. A veces funciona, a veces no. Es como un milagro cuando se logra porque la militancia política tiene un componente didáctico grande y hacer algo bello y a la vez didáctico requiere de un equilibrio my delicado. Pero sucede lo mismo en la vida real. Por eso si uno se apega a la realidad, el reflejo literario resulta auténtico y puede causar la emoción de un buen texto.

 

Pregunta: Vas a presentar en Lima un nuevo libro “De la costilla de Eva y otros poemas”. Se trata de una compilación que reúne buena parte de tu producción poética, publicada por la editorial Caja Negra. ¿Puedes contarnos el proceso de edición de este libro?

 

Respuesta: Conocí a la directora de la editorial en Antofagasta y ella me lo propuso y empezamos a trabajar en la idea de una selección de mi poesía que pudiera dar a las personas lectoras en Perú una visión bastante completa de lo que ha sido mi obra poética desde sus inicios hasta hoy. A mí me entusiasmó poder acercarme al Perú a través de mi poesía, que se conoce poco aquí. Me gusta el Perú y he admirado a sus grandes poetas, hasta estoy emparentada con Carlos Germán Belli porque la familia Belli que se estableció en el Perú es la misma que se extendió en Nicaragua. Eran dos hermanos Belli que tomaron rumbos distintos.

 

Pregunta: ¿Cómo se relacionan para ti cuerpo, erotismo y escritura?

 

Respuesta: Para mí es una relación absolutamente natural cuando el tema demanda que se hable sobre esas situaciones; pero no es la esencia de la escritura, es su circunstancia.

 

Pregunta: Aunque en tu reciente novela El intenso calor de la luna te enfocas en la sexualidad como un instrumento de liberación, en un momento postulas que la verdadera transgresión se encontraría en el amor. También rescatas esta idea en tu poemario Truenos y arco iris. Esto me hizo recordar la frase de la feminista Kate Millet “El amor es el opio de las mujeres”. ¿Podrías desarrollar un poco más tu idea sobre el amor como fuente de poder para el género femenino?

 

Respuesta: El amor, además de un sentimiento exclusivo, es una actitud vital. Uno puede amar lo que hace, la naturaleza, el mundo y tener una ética de cuido, de cariño hacia uno mismo y los demás. Esa actitud, que yo llamé en mi novela El País de las Mujeres “cuidadanía” no se plantea el amor como opio de nadie, sino como la opción de convertir el amor en un elemento generoso, comunal; sacarlo del universo de la pareja y extenderlo al cuido que necesita el universo donde esa pareja y su descendencia habrán de existir.

 

Pregunta: En toda tu escritura está presente el tema de la joie de vivre. ¿Qué es para ti esta joie de vivre y qué te hace escribir de manera tan abundante sobre este tema?

 

Respuesta: Bueno, creo que el tema de fondo es la búsqueda de la felicidad, algo que de una u otra forma es una aspiración común del ser humano. Creo que el joie de vivre o la alegría de vivir se aprende practicando. Si no aprende uno a disfrutar los regalos que la vida a diario nos da, difícilmente se puede ser feliz. Para mí la felicidad empieza con la actitud que uno tenga, la capacidad, por un lado, de relativizar la propia importancia y por el otro de gozar lo que los sentidos nos ofrecen: ver, oler, oír, tocar. Esa es la base, me parece, para luego plantearse la felicidad en términos más complejos. Cuando empecé a escribir sólo podía hacerlo cuando estaba contenta. Cuando me deprimo lo primero que pierdo son las ganas de escribir.

 

 

Pregunta: En el poema “Uno no escoge”, dices: “Uno no escoge el país donde nace; / pero ama el país donde ha nacido”. Tú has vivido en varios países a lo largo de tu vida. ¿Qué relaciones establecerías entre tu escritura y tus experiencias migrantes/nómadas?

 

Respuesta: El español se convirtió en mi patria portátil, mi refugio. Uno no es nunca la misma persona en otro idioma o cuando se es extranjero.

 

Pregunta: Tienes un poema titulado “Reglas del juego para los hombres que quieren amar a mujeres, mujeres”, publicado en 1986. ¿Cambiarías alguna de esas reglas en la actualidad?

 

Respuesta: Sí. El poema tiene varias referencias militares que ya no vienen al caso, pero el sentimiento general de querer una relación igualitaria, no ha cambiado.

 

Pregunta: La edad es un elemento de preocupación y discriminación para las mujeres que has desarrollado con particular intensidad en diversos poemas como: “Los cuarenta”, “Menopausia”, “Mujer en avanzado estado de juventud”, y también en tu reciente novela. ¿Cómo afrontas el tema de la edad en una sociedad que rinde culto a la juventud?

 

Respuesta: Desafiando ese concepto bastante absurdo de que la vida sólo vale la pena cuando se es joven. A las mujeres sobre todo se nos atrapa en esa demanda imposible, como si la vida se nos fuera a terminar después de los 20 o 30. He escrito de la madurez con otra perspectiva porque la he vivido así y he visto a muchísimas mujeres vivirla muy bien. En mi novela El Intenso Calor de la Luna abordo el tema. Me dio mucho gusto hablar de ese tabú de la menopausia, sacar ese esqueleto del closet y mostrar que hay vida y sexualidad después de la edad reproductiva.

 

Pregunta: Para nadie es un secreto que en nuestros campos literarios y culturales latinoamericanos existe la tendencia a invisibilizar o disminuir el papel de las mujeres. ¿Qué podemos hacer las escritoras frente a esta situación?

 

Respuesta: Escribir bien y ayudarnos entre nosotras. Los hombres se hacen mucho bombo entre ellos, nosotras debíamos hacer lo mismo.

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